VICENTE
FERNÁNDEZ
Este
cantante de voz privilegiada tuvo, como
todos los ídolos, un inicio lleno
de penurias, sinsabores y hasta desprecios
a su arte, pero el hambre lo tiraba y el
orgullo, las ganas de ser, lo levantaban
y así tocó la gloria.
El
15 de septiembre de 1984 se presenta en
la Plaza de Toros; si no hubiera llenado
la Plaza cuando hizo el concierto Un Mexicano
en la México, Chente se hubiera retirado
definitivamente de la carrera.
Rancho
"Los tres potrillos" (Guadalajara,
Jal.)
A los 56 años de edad confesados,
con 28 años de carrera discográfica
y 25 de quehacer en el cine, Vicente Fernández
habla ampliamente sobre su vida.
"El
charro de Huentitán" abrió
sus recuerdos y su corazón, abrigado
por la complacencia y la tranquilidad que
le dan estar en su refugio, un rancho de
200 hectáreas, ubicado a 20 kilómetros
de Guadalajara rumbo a chapala.
Vicente
Fernández Gómez nació
el 17 de febrero de 1940 en Huentitán
el Alto, Jalisco, donde pasó gran
parte de su niñez.
¿Cuándo fue tu debut exactamente?
"Hace
28 años, lo que llevo en la misma
casa disquera, aunque a los 21 años
ya cantaba en el Amanecer tapatío,
llevaba serenatas y actuaba en el programa
de televisón La calandria musical.
A los 21 años dejé de ser
albañil, bolero, cajero, mesero,
y lavaplatos; por eso nadie puede decirme
como se hace algo, porque pasé por
todo"
¿Hasta
que año estudiaste?
"no
terminé la primaria; Me doctoré
en quinto año. Lo repetí como
cinco veces, pero he aprendido veinte mil
cosas más de la vida, que lo que
aprendí ahí"
¿Cuál
fue tu primer sueldo como cantante?
"Treinta
y cinco pesos en 1960, en el programa La
calandria musical. Cantaba en los aficionados
y me surgieron ir a ese programa; trabajaba
de cajero y gerente en un restaurant de
mi tío Javier Hernández, ganando
800 pesos al mes y sólo tenía
dos trajecitos. "Al ir a ese programa
de TV 4, en Guadalajara, le di las gracias
a mi tío y pensé y que me
pagarían mínimo mil pesos
cada vez. Cuando cobré creí
que hablaban de tres mil 500 o 350 pesos,
¡pero eran sólo 35! "De
ahí empecé a ir a San Juan
de Dios, donde correteaba los carros donde
a ver quién quería una serenata;
me le pegaba a cualquier mariachi, y a los
clientes les decía que si les gustaba
cómo cantaba, me dieran una propina.
Así trabajé dos años,
pero como tenía mucha suerte y gustaba
a la gente, los mariachis querían
que repartiera lo que me daban por cantar,
aunque a veces no me daban nada. "Después
fui a trabajar a México y conocía
al Mariachi Amanecer, de Pepe Mendoza, y
luego me cambie al Aguilar, de José
Luis Aguilar, con Felipe Arriaga. Ya casado,
comencé a cantar en el Amanecer tapatío,
donde estuve dos años, pero seguía
trabajando por propinas en las mesas; Federico
Méndez era el presentador y de vez
en cuando me programaba para el escenario.
Me anunciaba el Perro Bermúdez,
papá, a través de la XEX,
que llegaba hasta Guadalajara, y mi mamá
y mi vieja me escuchaban en
la radio"
"Si
no fuera porque sufrí tanto, no disfrutaría
lo que tengo"
¿Sufriste
muchas humillaciones al principio?
"De
hecho hasta me rajé cuando
iba a nacer Vicente, y me regresé
a Jalisco, pues se me serraron las puertas;
trabajaba en el Amanecer Tapatío
con doña Chuy, a quien no le caía
bien, aunque siempre declaré lo contrario.
Felipe Arriaga me quería mucho y,
un día que me querían correr,
les dijo que él mandaba en su grupo,
me di cuenta de el problema y me regresé
a Guadalajara".
La
mitad del dinero que ganaba era para su
madre
"Cuando
me corrieron del Amanecer le escribí
a mi mamá y vendí una máquina
que le había comprado a mi mujer,
para mandarle dinero a mi madre, porque
cuando me casé le dije a mi esposa:
"si gano dos pesos, uno es para ti
y otro es para mi madre".
"mi
papá dijo que me regresara, que ya
tenía como 60 vacas, aunque la verdad
debía como 80, pues trabajaba a crédito;
empecé a trabajar con él y
me decía que tomara dinero para mantener
a mi familia o comprar ropa, pero yo quería
un sueldo fijo para mi "chivo".
"Mi madre estaba muy enferma de cáncer
y murió cuando nació Vicente;
cuando falleció, mi papá se
destanteó, quebró
y se fue a Tijuana. Yo me quedé con
mis dos hermanas, mi mujer y mi hijo Vicente,
y viví de arrimado con
mis suegros. Por eso los quiero tanto y
los tengo lo mejor posible.
"Empecé
a cantar en El Sarape y creo que agarré
cansado al dueño, después
de tres meses de insistir. Me iba a trabajar
en camión y, como no tenía
para el taxi, me regresaba caminando en
la madrugada. Duré cuatro meses haciendo
tres variedades diario; ganaba 75 pesos
diarios, que eran buen dinero, aunque así
me las veía negras. Pero en ese entonces,
ya me quería acabar el mundo".
Los
charros también lloran: el dolor
de perder a sus padres
En
un escenario, Vicente puede dar la imagen
del charro más tradicional que pueda
existir. Pero como ser humano ha demostrado
ser una persona muy sensible, justa y agradecida,
que también ha llorado muchas veces.
¿Cuál
es la anécdota más dolorosa
de tu vida?
"Hay
muchas. Por ejemplo, mi madre tenía
cáncer y murió al año
de que me casé (1963), hace 32 años,
a la edad de 47; desde que yo trabajaba,
todo lo que ganaba para ella, íntegro,
y ella era la que me compraba ropa y zapatos.
Hubo ocasiones en que me iba a dar serenata,
después de dejarla en un sanatorio
para que le dieran radiaciones.
"Tiempo
después, yo trabajaba en el Teatro
Blanquita en 1970 y salía de la parte
de atrás cuando Los laureles,
sin micrófono. Un domingo 24 de agosto,
antes de salir a cantar, recibí una
llamada: era una de mis hermanas, Cuca,
quien me dijo: nos quedamos solos;
mi papá acaba de fallecer".
¿No
dejaste de cantar ese día?
"Me
dieron ganas de hacer muchas cosas, pero
mis padres me enseñaron que la responsabilidad
es ante todo.
"Cuando
colgué el teléfono, empezó
la canción, entré al teatro
y pegué un tremendo grito de desahogo
y la gente se descontroló por ese
grito y porque me iban chorreando las lágrimas.
"Diario
hablaba mucho y ese día nada más
me agaché y me limpié las
lágrimas. Canté mis otros
dos temas y me metí; como nunca,
la gente empezó a pedir que saliera
y el maestro de ceremonias dijo que la función
debía continuar y que me disculparan,
porque había fallecido mi padre.
"Como
no había dejado de cantar, la gente
se puso de pie para aplaudir; yo saqué
de un minuto de aplausos, porque
de esa manera sentí más cariño
hacia mi padre y apoyo hacia mí.
Vine a Guadalajara a sepultar a mi padre
y cantando regresé a México
tomé un taxi al teatro Blanquita
y el taxista no sabía quien era yo,
al prender su radio, comenzó a sonar
"Mi viejo", con Pireo, y me dió
una emoción terrible. Son anécdotas
que aún me cuesta trabajo platicar,
pero eso es lo que me ha hecho comprender
a todo mundo y poder cantar. Vicente Fernández
no tiene cimientos de concreto, sino de
acero, pues me hice como las herraduras
de los caballos: a base de los golpes de
la vida".
En
la última escena de la película
Todo un hombre, su personaje dice a su sobrino:
los hombres no lloran, mientras
le escurre una lágrima. ¿Vicente
Fernández ha llorado muchas veces
o se reprime?
"Si,
claro que he llorado como cualquier ser
humano. Por ejemplo, al hacer esa escena
y abrazar a ese niño, no lloré
por la que era mi mujer en la película,
sino porque me acordé de mi madre.
"De
los sepelios de mis compañeros he
ido al de Isabel Soto Lamarina, Federico
Méndez y Lola Beltrán. En
el de ella, me fui del rancho en la madrugada,
tomé un avión en compañía
de mi hijo Vicente, aunque lo confundieron
con Alejandro. Llegamos a la capilla como
a las 4 de la mañana y estaba casi
sola. Le recé un rosario con los
dedos, como pude, le lloré, le di
un beso a través del cristal y, cuando
empezó a amanecer, vi cámaras
y grabadoras y le dije a mi hijo: vámonos,
porque no me gusta que me pregunten: ¿Qué
a perdido México? Yo contesto que
perdí una amiga y lo demás
no me importa; por eso fui a despedirla
en el momento que nadie me interrumpiera
o me retratara cuando me saliera una lágrima.
"Esos
momentos son muy íntimos y uno no
me tiene por qué llorar ante una
cámara. Cuando murió Felipe
Arriaga no pude ir, pues ese día
cantaba en el Madison Square Garden y envié
a mi familia; tampoco fui cuando murió
David Reinoso, pues estaba de gira".
Lo
corrieron de la que es su compañía
desde hace 28 años
"Me
llegaron a correr de mi compañía
y de otras; no era como ahora que dicen:
vamos a hacer un artista y de
un día a otro crean un monstruo.
"Mientras
estuve en México, nadie me peló
y hasta me sacaron de la CBS; una vez esperaba
a Rafael Carrión, quien me dio una
tarjeta para que fuera a verlo y el jefe
de ingenieros no me dejó pasar.
"En
eso llegó el Mariachi Vargas y me
dijeron que me metiera con ellos, cargando
uno de los estuches y ni así me dejó
entrar el señor. Eso nunca se me
olvidó. Pasó el tiempo y un
día que estaba grabando, hace 10
años, cuando ya era Don Vicente,
ese señor entró a la cabina
y yo grité: ¡Corte, que
se salga ese viejo de la cachucha o no sigo
grabando!.
Se
bajó la cachuchita y se salió
mosqueado. Después le
expliqué a Federico Méndez
lo que me había hecho y cómo
me había humillado".
A
Chente le tocó también vivir
la época de las caravanas por la
República.
"Recuerdo
las giras que hice con el señor Vallejo,
en donde hacíamos tres actuaciones
al día, el viejito nos decía:
Y no hacemos la cuarta, porque no
nos alcanza el tiempo. Fue donde más
aprendí de esta carrera, porque ahí
es donde se hacen los artistas.
"Una
vez me preguntaron que porqué no
iba a Japón, pero yo actúo
vestido de charro, y no voy a ir así
y cantando en Inglés nada más
para que me entiendan. Yo represento una
imagen y soy como una silla de montar: una
artesanía; me siento orgulloso de
ser mexicano y cuando estoy en otro país
mi orgullo es portar el traje charro."
lloró
a Javier Solís; a la semana le hablaron
para grabar en CBS
Vicente
no trató personalmente a Javier,
pero lo vio en dos ocasiones, en el Teatro
Blanquita. Cuando se fue "El Señor
de Sombras", Vicente le lloró.
"Un
19 de abril de 1966, llegué a trabajar;
me dormía con el radio prendido y,
como a las cinco y media de la mañana,
me enteré de que Javier Solís
había fallecido. Lloré mucho;
lo admiraba, aunque no lo conocía.
"Como
a los ocho días de que falleció
Javier, me habló don Felipe Valdés
Leal, de CBS, para contratarme; pensaba
que me estaban vacilando, porque había
ido a todas las compañías
y me mandaban a volar, pues decían
que no Registraba para grabar.
Raúl
Velazco, lo apoyó mucho, pero cuando
ya era alguien
"Cuando
empecé, iba con Mario de Piedra y
Rigoberto Pantoja y, aunque eran mis amigos,
a veces no podían ayudarme.
Yo
entré a Televisa, pero no porque
me quisieran mucho o porque les cayera bien,
sino porque las canciones Tu camino
y el mío y Volver Volver
se fueron para arriba; de ahí empecé
a tener mucha amistad con Raúl Velazco,
quien me apoyó mucho. Pepe Morris
me dio el programa Noches Tapatías,
Con Lucha Villa e Isabel Soto Lamarina;
después tuve el programa Homenaje,
con Lola Beltrán, donde cantábamos
y hacíamos entrevistas a personajes,
ya sea de literatura, escultores, deportistas...
de todo.
Entrevisté
a Rubén Olivares, al Santo y mucha
gente famosa; me documentaba antes de hacer
el programa y me desenvolvía bien,
porque tengo facilidad para hablar con la
gente".
Las
Infaltables comparaciones con Pedro Infante
"Al
principio, me comparaban con Pedro Infante
y Jorge Negrete y para mí era un
Halago y lo sigue siendo; pero a mucha gente
le digo que Pedro Infante, Javier Solís
y Jorge Negrete juntos, no tuvieron las
satisfacciones que yo he tenido en vida.
"Primero,
porque tengo una familia muy bonita, una
buena relación con mi esposa, mis
hijos y mis nietos y económicamente,
porque me supe manejar mejor que ellos.
He tenido la fortuna de compartir con mucha
familia, hermanas, concuños y suegros,
parte de lo que me han dado mi carrera y
el público. "Cuando me paro
en la entrada del rancho y veo al fondo,
no lo puedo creer; pienso qué injusta
fue la vida con Pedro, Javier y Jorge, pues
Dios ha sido mucho más benévolo
conmigo que con ellos".
VICENTE
LOS IMITABA Y, A VECES. INTENCIONALMENTE
"Cuando uno comienza su carrera, no
tiene un estilo propio y tiende a imitar
a alguien. A veces cantaba como Juan Mendoza,
a veces como Miguel Aceves Mejía,
David Záizar, Pedro Infante, Lucho
Gatica, el Charro Avitia o Bienvenido
Granda.
"Comencé
a tomar el estilo cuando ya grababa discos
y entonces empecé a imitar
a Vicente Fernández. Cuando pude
viajar a Estados Unidos me asocié
con una persona a la que quiero mucho, Arnulfo
El gordo Delgado; trabaja en
el Million Dolar, armaba el elenco, y pensaba
que debía llevar a artistas como
Bienvenido Granda, Los bribones, María
Luisa Landín y gente que admiraba.
Son tantas anécdotas y recuerdos,
que no acabaría de contarlos nunca...".
Su
más grande trofeo: La Plaza México
¿Por qué tu actuación
en la Plaza México es tu más
grande trofeo?
"Porque
fue un reto muy grande. Tenía mucho
tiempo de no cantar en el Distrito Federal
, debido a la reventa. No quiero ser artículo
de lujo y por eso quise que las autoridades
me prestaran la Plaza México para
cantar sin cobrar.
"Raúl
Velazco me dijo que Televisa me apoyaba,
pero hubo ciertos problemas con la empresa
que manejaba Alejandro Garza; primero me
canceló, pues venía Menudo;
después por Julio Iglesias y, otra
vez, por José Luis Rodríguez
El puma, aunque aclaro que no
tengo nada en contra de ninguno.
"Hubo
presiones y Raúl y yo tuvimos un
choque de sentimientos; sentí que
no era justo lo que pasaba. En la conferencia,
me preguntaron por qué iba a cantar
después de Julio y los demás
y que si estaba seguro de llenar. Contesté
que quien iba a llenar era mi público,
porque soy el cantante más malo,
pero al que más quiere mi pueblo.
Y dije que si no llenaba la plaza, me retiraba.
Hay
una foto con la Virgen de Guadalupe y se
me ven dos lágrimas caer por la emoción.
Canté un 15 de Septiembre y no había
dejado de llover desde el primer día
del mes; amaneció lloviendo y, cuando
llegué, no había más
que un cuarto de plaza.
De
pronto, mi secretario me dijo que se había
llenado la plaza. Gustavo Alvite me anunció
y, se quitó la lluvia; canté
dos horas y al terminar Volver volver
comenzó a llover. Yo había
pedido cinco escenarios y por eso la gente
pudo ver bien.
De
todas mis actuaciones, esa fue la más
emotiva, pues el público me demostró
lo mucho que me quería: aun con lluvia
y frío entraron más de 54
mil personas. Creo que tengo el récord
y no sé porqué no está
en el libro de récords Guiness.
"Alguien
me dijo: La plaza más grande
del mundo se quedó a tus pies.
Por eso es mi más grande trofeo;
porque el único que ha llenado la
Plaza México se llama Vicente Fernández"
Vicente,
el padre, el abuelo
(Él se define como enérgico,
pero comprensivo. Sus hijos dicen que era
estricto, pero razonable.)
Detrás
de todo un hombre no solo hay una gran mujer,
sino, como en caso de Vicente, una gran
familia. Su esposa, María del Refugio
Abarca Villaseñor, con quien se casó
el 27 de diciembre de 1963 en Guadalajara,
ha sido eso: su refugio. Doña Cuca,
como le dicen cariñosamente, procreó
con Chente a "los tres potrillos":
Vicente, de 31 años; Gerardo, de
29, y Alejandro, de 25.
¿Cómo
es Vicente Fernández en el papel
de padre de familia?
"Me
considero un padre que la lleva bien en
los momentos que debo y soy un poco fuerte
cuando tengo que llamar la atención.
Cuando mis hijos estaban solteros, les decía
que para tener una novia se puede tener
a cualquier hora y que podían ir
al cine en las tardes, pero que debían
regresar a las nueve y media de la noche.
El día que se casó Alejandro,
tiré el reloj que tenía en
mi recámara y dije que de ahí
en adelante podían llegar a la hora
que quisieran a su casa".
Da
la impresión de que eres un padre
demasiado estricto y regañón...
"Desde
que me acuerde, nunca les he pegado a mis
hijos, aunque les llamo la atención
algunas veces. Los únicos que chocamos
en caracteres somos Alejandro y yo, porque
somos igualitos.
"Gerardo
y Vicente, a veces me hacen enojar y les
llamo la atención pero no como para
enojarnos, sino para corregir. Si me calificara
como padre, me consideraría un padre
que me preocupo mucho por mis hijos, por
su porvenir, aunque no sé si eso
sea bueno o malo. Quizá soy muy posesivo,
pero es por el mismo amor que les tengo".
a
sus hijos les ha dado mucho, pero también
les exige
"Yo
no estudié pero mis hijos están
muy preparados, a Alejandro le faltaban
2 semestres de arquitectura; Gerardo terminó
la secundaria y Vicente dejó los
estudios, ya casi para terminar de Contador
Público. Siempre me preocupó
su futuro y fui muy rígido con ellos,
y me da pendiente que viajen solos en carretera.
Soy como una gallina que sobreprotejo a
mi familia".
"Cuando
mis ojos se casaron, cada quien hizo su
vida, y no pueden decir que soy un suegro
metiche; por ejemplo, cuando mucho he ido
3 veces a la casa de Alejandro, y a la de
Vicente, que vive aquí mismo, en
el rancho, habré ido unas 10 veces
desde que se casó, y a la de Gerardo
como unas 5 veces, aunque ellos vienen seguido
a la casa".
¿Qué
es mejor, ser padre o abuelo?
"Soy
más abuelo que padre, porque, desgraciadamente,
cuando mis ojos estaban chiquitos, yo tenía
que trabajar muy duro, para darles primero
de comer y después todo lo demás.
Cuando Alejandro nació, como que
me trajo más suerte: fue cuando hice
mi primera película".
"No
sé cómo le haría, pero
a mis ojos los traje desde chiquitos con
chamarras tejanas, que mandaba a hacer con
mi sastre, y los traíamos bien arregladitos;
era mucho más sacrifico en esa época
comprarles una chamarra, que ahora regalarles
un carro. Ahora estoy disfrutando con mis
nietos lo que no disfruté con mis
hijos".
¿qué
opinan los hijos de vicente?
Vicente
Fernández Abarca
(31 años de edad. Su esposa: Sisi
Penichet. Sus hijos: Sisi Paola (6 años),
Fernanda (5 años), Vicente (2 años
y medio) y Ramón (3 meses).
¿Cómo
es tu padre en la visión de público
e hijo?
"He
crecido desde que mi papá comenzó
su carrera y he visto cómo ha evolucionado.
Es la persona más dedicada que puede
haber, un hombre que se fija sus metas y
las logra en cualquier actividad que haga.
"Cómo
cantante, sé que el público
lo ha apoyado en su carrera desde que comenzó
y nos ha demostrado su cariño hacia
nosotros y no tenemos con qué pagar,
primero a Dios y luego al público.
"Como
padre, estoy seguro de que si me dejaran
escoger, y aún con todos los errores
que pudiera tener, lo volvería a
escoger mil veces".
¿Qué
canciones de tu papá son tus favoritas?
"Después
de escoger la trayectoria de mi papá
desde el principio, puedo decir que a cada
disco le pone el mismo cariño. Cada
vez se trata de mejorar el más reciente
disco y, en su momento, cada canción
tiene un sentido y por eso nos gustan todas".
¿No
es riesgoso crecer teniendo todo servido
en "charola de plata"?
"Todo
lo que recibimos, primero es por mi papá
y mamá, que nos han apoyado en todo,
pero llevamos la gran responsabilidad de
que mi papá hizo una trayectoria
y tenemos que cuidar todo lo que ha cosechado
con tanto esfuerzo".
¿Tienes
mucha responsabilidad al frente del rancho?
"Desde
que me acuerdo, tenemos 15 años en
el rancho y estamos acostumbrados a esta
vida. Me sería pesado encerrarme
en una oficina o en un negocio que me gustara
, pero aquí estoy al aire libre,
con la naturaleza y conviviendo con la gente
y cada quien tiene una responsabilidad".
¿Cuánta
gente trabaja en el rancho?
"Hay
muchos eventuales, hay jardineros y gente
que atiende al ganado t los caballos, y
lo mismo puede haber 10 empleados hoy, que
15 el día de mañana. Mi papá
ha tratado de corresponder y ayudar a la
gente que trabaja con nosotros, para compartir
un poco lo que recibe".
Gerardo
Fernández Abarca
(29 años de edad. Esposa: Alba Abarca.
Hijos: Albita (6 años) y Gerardo
(3 años).
¿Cómo
es Vicente Fernández, el padre?
"Todo
mundo dice: Mi papá el lo máximo
y, en el caso de nosotros, no tengo cómo
describirlo, porque se pasa de padre".
¿Es
muy enojón o estricto?
"Lo
normal. No le gusta regañar, sino
dar consejos".
-Mucha
gente puede pensar que tu papá no
convivió mucho con ustedes cuando
eran niños, por estar trabajando.
¿Es cierto eso?
"En
ese entonces, teníamos una edad en
la que estar lejos de él no dolía
tanto como más grande.
Gracias
a Dios, ahora ya tenemos todo el tiempo
para estar con el".
También
se puede pensar que tu papá todo
se los regala, aún de grandes...
"Hay
mucha gente que piensa eso y hasta dicen
que hasta con una canción de él
se pagan muchas cosas; yo me pongo a ver
a los artistas que batallan para conseguir
una serenata y pienso en todo lo que tuvo
que luchar mi papá para tener lo
que tenemos".
¿Cómo
se dividen la participación de ustedes
tres en la familia?
"Alejandro
no tiene obligaciones en el rancho, estuvo
estudiando y, cuando dejó de hacerlo
fue porque se iba a dedicar a cantar; Vicente
se encarga del rancho y yo tengo la tienda
y también le ayudo a mi papá
en el rancho".
¿Cómo
describes a Vicente Fernández, el
artista?
"Cada
vez que lo veo actuar me doy cuanta de que
es alguien que se entrega al ciento por
ciento y no se conforma y eso es lo que
más le a valido en su carrera. A
mi me gustan las primeras canciones que
grabó, porque son con las que he
crecido. Gerardo también ayuda en
las labores del rancho y pronto estará
a cargo de la oficina de contrataciones
para fechas de Vicente y Alejandro.
ALEJANDRO
FERNÁNDEZ ABARCA.
(25 años de edad. Esposa: América.
Hijo: Alejandro (tres años)
Alejandro,
¿qué opinas de Vicente Fernández,
como padre, manager y hombre?
"Como
padre no hay dos, porque nuestra relación
ha sido muy bonita y sincera, abierta y
siempre nos tuvo toda la confianza; se preocupó
demasiado porque hubiera esa sinceridad
y comunicación entre mis hermanos
y mi papá. Le teníamos mucho
respeto, siempre con su aspecto recio, muy
rudo, pero conforme crecimos y empezamos
a conocerlo, descubrimos que no era tanto,
sino una persona sumamente bondadosa, de
carácter muy explosivo, pero en cinco
minutos se le quita. Cuando uno conoce más
a mi papá, se da cuenta de que debajo
de esa armadura hay un hombre sincero".
Cuando
eras niño, ¿había correctivos
severos?
"Que
yo recuerde, mi papá nunca nos pegó,
aunque a veces los regaños que nos
daba eran peores que si nos hubiera pegado.
Mi padre fue muy estricto y teníamos
que cumplir las reglas de la casa".
¿Cuáles
eran esas reglas? "No le gustaba que
llegáramos tarde y mucho menos oliendo
a vino. Buscó que no nos faltáramos
al respeto entre nosotros y se preocupaba
cuando teníamos algún conflicto;
eso fue lo que nos unió más
y ahora Vicente, Gerardo y yo nos llevamos
de maravilla. Nuestros roces eran los comunes
entre los niños, porque ahora de
grandes nos hemos tenido problemas y somos
muy unidos ".
¿Qué
tipos de consejos te daba tu padre?
"De
chicos, como que éramos muy celosos
y huraños, escogíamos muy
bien a nuestras amistades; siempre nos costaba
trabajo aclimatarnos a otras personas, primero
las observábamos y analizábamos,
para establecer una amistad. Como que te
creas un trauma de que toda persona que
se acerca lo hace por interés.
Mi
papá también analizaba muy
bien a las amistades que teníamos
y, de hecho, nuestros amigos de la infancia
siguen siendo los de siempre".
¿Llegaste
a reprochar alguna vez la ausencia de tu
papá?
"Mi
mamá era el papá y la mamá
a la vez, ella era muy estricta. A veces,
quizá llegué a reprochar a
mi papá y, desagraciadamente, ahora
lo entiendo perfectamente, pues estoy en
el papel de padre y me dedico a la misma
carrera que él.
"Creo
que mi papá le daba cierto miedo
que nos desviáramos desde
chicos; como él no estaba mucho tiempo
en casa, le daba miedo que nos desubicáramos,
al no sentir tanto su presencia. Hasta eso,
no fue así, tal vez de los tres hermanos
yo sea el más vaguito y travieso,
porque mis hermanos no toman ni fuman; de
repente, yo me tomo una copa y desde los
12 o 13 años me enseñé
a fumar, aunque he tratado de dejar el cigarro
y el ejercicio también me ha hecho
dejar de fumar".
SU
RANCHO ES SU REFUGIO Y SU MUNDO.
El rancho "Los tres potrillos"
está ubicado aproximadamente en el
Kilómetro 20 de la carretera a Guadalajara
-Chapala. Tiene unas 200 hectáreas
de extensión, cuenta con dos enormes
casas -la de Vicente padre y la de Vicente
hijo-, un lienzo charro, un lago, una capilla,
criadero de caballos, establo y otras construcciones
menores, como la tienda a la entrada del
rancho y un canal de riego que rodea el
rancho.
La
familia Fernández vive ahí
desde hace 14 años y las casas fueron
diseñadas por el arquitecto Mario
Limberópulos, con idea y sugerencias
del propio Vicente.
Los
animales que hay en el rancho son cerca
de cien yeguas y 80 caballos miniatura que
cría Vicente como hobbie, además
de 18 yeguas grandes que son de Vicente,
aunque algunas se las ha regalado a sus
hijos y nietos.
También