Entre música y canciones, Ricardo Arjona sacó
adelante la carrera de magisterio y comenzó a dar clases en uno
de los institutos más conflictivos de aquélla época,
en la que los gobiernos militares y la injusticia social dominaban el
país. Esta experiencia forjó el carácter y la personalidad
de Ricardo Arjona y él mismo reconoce que fue entonces cuando
comenzó a tomar conciencia de la realidad cotidiana y el panorama
social que le rodeaba.
Arjona también se caracterizo en su niñez
por su espíritu rebelde y extrovertido. Se crió bajo la
fe Católica, y se comenta que a los ocho años en algunas
ocasiones se le ocurrió preguntar que si Jesucristo tuvo novia.
Al preguntar esto en la escuela, también católica, se
le castigo haciéndolo pasar una hora al sol todos los días
por las siguientes cinco semanas. Ahí fue donde aprendió
que varias cosas, entre ellas religión, no se pueden cuestionar
sin ofender a alguien.
Creció con este tipo de ideología y pasó
su adolescencia con amigos que compartían su forma de pensar.
Al pasar el tiempo, sus amigos se fueron calmando y conformando a las
reglas de sociedad, y Arjona descubrió que si seguía así,
se quedaría solo con sus ideales. Siguió cantando con
algunos compañeros en los festivales, en donde se dieron a conocer
como cantantes de protesta.
Durante cinco años, Ricardo optó por
abandonar la música y dedicarse por entero a la enseñanza,
dando clases a niños de escasos recursos de los que él
también aprendía de la vida y de la supervivencia: Al
mismo tiempo estudiaba Ciencias de la Comunicación, en la especialidad
de Publicidad. Gran aficionado, también, al deporte, se destacó
en la práctica del baloncesto, del que formó parte de
la Selección Nacional de Guatemala y, aún hoy, conserva
el récord del jugador que más puntos ha conseguido en
un solo partido.
Aunque la música había pasado a segundo
término en sus ocupaciones, un buen día se le ofreció
la oportunidad de grabar un disco. El producto final no le pareció
muy satisfactorio y nuevamente lo intentó, con resultados más
aceptables, en "S.O.S. Rescátame", en el que ya apreciaba
el estilo y las tendencias musicales de Arjona. Su siguiente disco,
"Jesús: Verbo No Sustantivo", fue la revelación
final de Ricardo Arjona como compositor e intérprete en toda
América Latina y Estados Unidos. El tema que daba título
al álbum permaneció durante meses en el número
uno de las listas de todos los países centroamericanos. Siendo
el álbum más vendido de la historia en los países
de esta región.