Todo eran parabienes para los conciertos de esta chica nacida en Québec (Canadá), de padre mexicano, madre estadounidense y bisabualo libanés, y de la que apenas conocíamos su segundo trabajo, "The Living Road" (Warner, 2003), trabajo que nos había causado una muy grata impresión. Hasta publicar este segundo trabajo pasaron siete años desde que se dio a conocer con "La Llorona", el que fue su disco debut que encandiló a la crítica. Muchos años de silencio que seguramente le habrá servido para poner en orden un montón de cosas y regalarnos un trabajo que rezuma sabiduría y buen hacer.
El que se prometía a priori uno de los conciertos más emocionantes de la temporada estuvo a punto de no realizarse debido a un apagón importante en los alrededores que afectó a las mismísimas instalaciones de la sala Apolo de Barcelona. Por suerte, y gracias a los "dioses de la electricidad" (como ella misma expresaba en los agradecimientos) el concierto se celebró.
La expectación era importante, y la cola, que aguardaba pacientemente que el milagro ocurriera (nos referimos a algo tan simple como que volviera la luz), pudo respirar tranquila cuando por fin se dio la orden de que el público podía entrar en la sala, casi media hora más allá de la hora prevista para el inicio del concierto.
Y a partir de ahí, el auténtico milagro: poder asistir a uno de los conciertos más emocionantes del año. Por fin, colocados ya cerca del escenario, algunos minutos transcurrieron hasta que la sala, con una excelente entrada, presenció el que para nosotros ha sido el mejor concierto que hemos visto este 2004. Y es que Lhasa es un rara avis. Nada de más de lo de siempre, nada de la típica escena "world music" que todos tenemos en mente. Ya no solamente en su apartado musical, sino en el personal. Porque sólo hay que escucharla contar historias, con esa extraña mezcla de castellano con acento mexicano y pronunciación anglosajona, con ese semblante sereno, tranquilo, pronunciando cada una de las palabras de manera cadenciosa y con la sensación de que te cuenta historias que son extraordinarias, pero a la vez muy sencillas. Además de aderezarlo todo con un toque de humor que levanta la sonrisa. Pequeñas lecciones de vida que uno siente suyas. Lhasa venía a nuestro país de gira a presentar ese último trabajo cantado en castellano, inglés y francés, a diferencia de su debut, "La Llorona", cantado exclusivamente en castellano y donde se ve más reflejada la influencia de la cultura de México. Con todo, lo que esta especie de Björk proveniente de Canadá nos trajo al Apolo es su mezcla de raíces, desde las mexicanas, las anglosajonas y las francesas.
El concierto fue sencillamente emotivo, brillante, lleno de calidez, de complicidad y de conexión directa con un público que asistía entusiasmado. Con un grupo de músicos bien conjuntado, la personalidad de Lhasa volaba entre un público entregadísimo desde los primeros acordes de "Con toda palabra", uno de los éxitos de su segundo trabajo y canción que dio inicio a este concierto. A partir de entonces, y una tras otra, fue ofreciendo de una manera encantadora gran parte de su cancionero.
El magnetismo que atesora esta chica se hace más presente en directo que no en su trabajo. Asistir a sus directos es toda una experiencia visual y sonora de primer orden. Habíamos leído que sus conciertos eran por momentos como estar en un concierto de Billie Holliday, o en uno de Chavela Vargas, o en uno de Björk. Nada más cercano a la realidad, ya que uno se siente que está ante algo grande, pero que no necesita de demasiados aspavientos para apreciar esa grandeza. Dice su biografía que su vida tiene mucho de road movie, y ese devenir nómada parece imprimirse en sus canciones. Además, Lhasa de Sela cuenta con una voz que roza el prodigio y en directo sabe como utilizarla para emocionar. La nota festiva la dio cuando reinterpretó un clásico de los villancicos provenientes de México, el "Pero mira como beben" que hizo dar palmas a todos los presentes. También interpretó un tema en portugués, un fado de Amália Rodrigues, de la cual dijo sentir admiración. En definitiva, un concierto estupendo para recuperar sin duda alguna en sus próximas visitas a nuestro país. En una próxima ocasión no os lo deberíais perder.
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