ISMAEL
RIVERA
"Ismael
Rivera "El sonero mayor" de la revista 91.9 de junio de 1997,
Bogotá. El título de "Sonero Mayor" es un acertado
apelativo colocado nada más ni nada menos que por Benny Moré
quien compartiera con "Maelo" noches inolvidables para evocar
la salsa clásica.
Su madre, Margarita Rivera se casó tres meses antes de los 17 años
y tiene una familia compuesta por dos hijos y tres hijas, 17 nietos y
trece bisnietos. Vive en la calle Loiza con calle Calma número
2.003. Cuenta doña Margarita que Ismael empezó a cantar
con "Kako" (Francisco Angel Bastard) . Huía de la casa
para poder hacerlo durante las noches, en la escuela siempre formaba las
rumbas con latas y cajones de cerveza ; aunque pobre y humilde, triunfó
gracias a su genio. Después Ismael tuvo otro compadre, Rafael Cortijo
quien lo encontró cuando Lito Peña buscaba un cantante.
Rafael Cortijo fue
uno de los amigos más importantes de Rivera, según testimonio
de Catalino Tite Curet Alonso : Ellos se conocieron trece años
antes de que se conformara el "Combo". Eran muy pobres los dos,
Ismael era buen estudiante pero la albañilería y la música
podían más, al cumplir los 18 ya era maestro de de ese arte,
al igual que su abuelo y tíos, bueno, y como casi todos en la calle
Calma ; calma era lo que menos había en esa calle, era irónico
porque además al lado quedaba la calle Tranquilidad que era otro
barrio de bomba y plenas muy encendidas.
La Bomba y la Plena
se interpretaban de dos maneras : en grupos folklóricos con percusión
y canto y por medio de orquestas estilizadas, para turistas, como la
Orquesta Siboney y la de Rafael Muñoz.
Cortijo y sus muchachos
hicieron más modernos estos ritmos agregando sonido de vientos,
piano y bajo para letras de tres minutos como novelas de barrio. Ismael
y Cortijo tocaron y cantaron en forma vigorosa y renovadora los aires
criollos puertorriqueños, le dieron un aire fresco a esos tambores
trepidantes. El profesionalismo llegó cuando Lito Peña
los contrató para su orquesta de 13 músicos. Rivera obtuvo
permiso de Peña para alternar su trabajo con el grupo que tenían
con Cortijo, que a instancias de Miguelito Valdés y Mirta Silva
empezaban a sacudir el baile en el Black Magic de Miramar.
La primera vez
que sonó en la radio, fue en 1954 con dos plenas : "El charlatán"
con la orquesta Panamericana y "El bombón de Elena",
con Cortijo y su Combo. Rivera se decidió entonces por Cortijo
para iniciar ese mito del Caribe en "El Show del medio día"
un programa de televisión que duró cinco años en
la televisión puertorriqueña, recordamos de ésta
época a "Quítate de la vía Perico", "El
negro bembón", "Tuntuneco", "Maquinó
Landera" y "Saoco".
Francesco Rossi
un cineasta italiano de paso por la Isla que iba para Jamaica para filmar
con Harry Belafonte forzaron el término de "Calypso"
para introducir el sonido de Cortijo y Maelo.
El sonido del Combo
se coló en Nueva York en 1958 y 1959, y es que la colonia puertorriqueña
se sentía como en su propia tierra con las inspiraciones de Rivera,
fueron contratados por ese legendario club del "Palladium Ballroom"
donde, sin partituras y tocando de pie, como en las fiestas de Borinquen,
alternaron con las grandes orquestas de Machito, Puente y Tito Rodríguez.
Como anécdota recordamos a Hyman, el propietario del Palladium,
diciendo : "Mr. Cortijo, no more Pachanga, please", para aplacar
la rumba que hacía temblar las lámparas del lugar y cuando
llegaban los bomberos en previsión de desastres. Después
la mafia los obligó a regresar cuando intentaron tocar en otros
sitios.
En 1962, en un
regreso de Panamá, Ismael y Cortijo fueron detenidos en el aeropuerto
Muñoz Marín por porte de cocaína, Ismael fue recluido
en Kentucky en la Penitenciaría de Lexington. Fue juzgado en
inglés, a lo que no pudo decir "ni jota". La pena fue
de cuatro años.
"Me encerraron con siete llaves
y allí les solté la Bomba,
me trataron con siete candados
y allí solté un rumbón.
Porque la rumba estaba conmigo
para aliviarme de las penas
con su hermanita la plena
y su primo el guaguancó..."
El Combo se había
dividido al salir de la prisión, Cortijo ensayaba otros Combos
: Cortijo y su Bonche, Cortijo y sus Champions y la futurista Máquina
del Tiempo, a Cortijo se le acabaron los días por un cáncer
de páncreas el 3 de octubre de 1984. Ismael buscó trabajo
en New York, donde fue estigmatizado de vicioso, expresidiario, locato
vago y exportador de mala imagen par USA. El encierro atemperó
entonces a Rivera, cantándole a una audiencia internacional de
boleros, son cubano y guajiras.
Con "Los Cachimbos"
sus amigos Bobby Capó ("Las Tumbas"), Henry Dávila
("El Nazareno") y Curet Alonso ( "De todas maneras rosas")
encontró apoyo para su rehabilitación. Fortaleció
sus propias obras ("El incomprendido") mientras otros salseros
se hundían en la droga y el alcohol y se convirtió en
vocero social de los rumberos de nuestra América Latina.
Acuñando
un fraseo propio "maribelemba, ecuajey, ¡sacude zapato viejo
!, a Ismael se le salió el personaje compositor de la juventud.
Su obra más conocida es "Besito de Coco" que grabó
con Cortijo y popularizó Celia Cruz. Captó audiencia con
"Sola vaya" tema que revivió la Sonora Ponceña
a mediados de los 80. No olvidar "arrecotin arrecotán"
y los boleros "Amor salvaje" y "Mi libertad eres Tú".
Ya al final dejó "El que no sufre no vive".
En 1983 estuvo
por Colombia en Buenaventura, Cali y Medellín, y cuando regresó
a Puerto Rico no pudo grabar por un rumorado cáncer de garganta.
El miércoles 13 de mayo de 1987, a las 5 :15 de la tarde, en
casa de Margarita, su madre, murió frente al televisor, víctima
de un infarto. Se convirtió en leyenda. Fue a los 56 años
y después de haber evaporado una fortuna de 3 millones de dólares.
Maelo consumió su existencia con prontitud, como su amigo Cortijo
tres años antes :
"También
en mi caja yo quisiera
unos cigarrillos y algo fuerte
para seguir bebiendo y fumando ;
después que me lleven donde quieran,
que vayan tocando mambo,
sones, rumbas y guarachas
pa’ que todas las muchachas
con su parejo vayan echando
que a lo mejor de la caja
¡Yo me levanto y salgo a bailar !"
Por JAIRO
SOLANO ALONSO
Ismael Rivera
es tan nuestro como una calle polvorienta de cualquier barriada pobre
del Caribe. Lo escuchamos por primera vez sorprendidos y gozosos en
los radios ruidosos de nuestros vecinos cuando aún éramos
niños y al conjuro mágico de su canto emergió de
nosotros el sentido solidario hacia nuestras raíces y el estímulo
transgresor que siempre nos produjo su voz de melaza y su baile mulato.
Bien se ha dicho
que a través de su garganta prodigiosa se expresaba a gritos
todo el sufrido pueblo de Puerto Rico, que era la gente llana, el mulataje
lleno de pena y necesidades paradójicamente bullicioso y festivo,
que se subía a la tarima y le dictaba el mensaje de su canto
que no era otra cosa que la queja doliente al ritmo recio de la bomba
y la plena como solo su compadre Rafael Cortijo, ese científico
de la percusión, la sabía interpretar.
¿Cuál
es el significado profundo de Ismael Rivera, para la música popular
afrocaribeña?
Empecemos por decir
que la irrupción del Combo de siete muchachos extraidos de la
barriada profunda, del suburbio lleno de necesidad e intérpretes
de un género popular como la bomba y la plena, constituía
con el golpe fuerte y brioso de la conga una reivindicación de
un género predominantemente negro surgido como protesta y afirmación
cultural no obstante la oprobiosa depredación de la esclavitud.
Basta escuchar
el canto desgarrado y compasivo de Ismael al negro Carimbo, o la evocación
del rapto de los mercaderes de esclavos en que se expresa en Déjalo
que suba para entender la vocación expresa de su música.
Si a esto agregamos que esta música surge en un Puerto Rico Hispano,
ocupado por una potencia anglosajona y que en todos los recodos de las
interpretaciones se reivindica en forma latente o manifiesta la utopía
libertaria de ese pueblo de la estrella solitaria, entenderemos por
qué todo el periplo vital de El Sonero Mayor estuvo consagrado
a su gente negra esa de las “Caras lindas” de Latinoamérica”.
En una entrevista
poco antes de su muerte Rivera manifiesta con diáfana claridad
su percepción de ser sonero: “Sonero es un poeta del vulgo
que tiene que hacer una historia de un coro que le hacen sin salirse
del tema. Tiene que conocer el idioma del populacho contando cosas de
nuestro diario vivir, tiene que ser pueblo para llegarle a la gente
usar las palabras que se usan en la esquina”.
Dinorah Marzan,
investigadora social y poeta puertorriqueña, se apropia de esta
definición de Ismael y la universaliza aplicándola al
apelativo eterno que le otorgara a Rivera el más grande de Cuba
Benny Moré: “Sonero Mayor es el que canta la historia que
su pueblo le dicta a coro, aquel que entrelaza su canto con su diario
vivir y usa las palabras de la esquina geográfica que es su patria”.
Desde el punto
de vista de la estructura musical, también Ismael y Cortijo son
transgresores irrumpen en la escena de los cabarets pobres de San Juan
con un conjunto de formato pequeño, en pleno florecimiento de
las Jazz Band. Son siete muchachos que deben destillar mucha calidad
con su exiguo instrumental para imponerse en un medio disciplinado donde
primaba la armonía y la partitura, donde la impostación
operática de los cantantes era la norma y el ideal. Cortijo y
su combo surge rompiendo con todo ese pesado lastre y subvierte el orden
llevando el canto callejero y el habla popular a la tarima. Por ello
lo escuchamos divertirse con exclamaciones como “Huy que pote”,
que es una plena embravecida solo comparable en su dinámica a
la bomba que aconseja la forma de bailar a su pareja “Con la punta
del pié, Teresa”.
Como una esquina
más del Caribe, Barranquilla hizo suya esa música que
hacía explosión para minar los adocenados ritmos de las
orquestas venezolanas y de las propias sonoras cubanas que permanecían
ancladas a la tradición de la armonía tonal. La capacidad
de improvisación de estos artistas callejeros rompió con
las obras límpidas y acabadas que imperaban en el momento y mostraban
en su estilo la capacidad de un nuevo tipo de emociones más complejas
para entender el alma caribeña.
El salirse y entrar
a la métrica de la música llevando a extremos inconcebibles
el llamado rubateo, extender a voluntad los versos de seis, ocho a dieciseis
períodos enseñó a toda una generación que
había un universo nuevo para expresar las frases musicales y
que la vieja copla española de los juglares occitanos debía
dar paso a la vigorosa fraseología africana y mulata basada en
el coro como impulso a la creatividad desmesurada.
Era Ismael un privilegiado intérprete de las angustias populares.
Había crecido, como muchos de nosotros en medio de la escasez
y la aflicción pero con el estoicismo proverbial de nuestra gente
pobre hacían de las penas un canto explosivo de alegría
y de soterrada crítica mordaz. Tragedias cotidianas de gente
como él incomprendida y nunca valorada, reivindicación
del trabajo del campo y el sentido patriarcal como el planteado en Mi
Jaragual, cantos esperanzados al Cristo negro de Portobelo, cuentos
extraidos del imaginario colectivo, piedras en el camino de rosas y
espinas representaban un himno a la vida y a la libertad.
Ismael Rivera dijo
alguna vez que su canto no era más que la expresión más
sentida del alma de su gente negra. Era un bardo tierno de ensueños
y poeta popular en busca de la luz para la gente del suburbio a aquella
de la Calle Calma donde nació y murió, aquella de Santurce,
pero también de San Juan, de Trastalleres y de Loiza Aldea.
De Ismael Rivera
ha dicho Rafael Bassi, que era algo así como un hermano mayor
curtido por la vida que nos señalaba el camino del goce cuando
nos asomábamos a la adolescencia. Portadores de su mensaje los
jóvenes de los años 60 que nos asomábamos a la
vida buscando cambios decisivos en la escena de la cultura que queríamos
una ruptura con la sociedad mojigata en que habíamos nacido y
que estábamos inconformes con el país que nos habían
legado otras generaciones, llegábamos a la verbena y a la fiesta
de barrio y hacíamos de ella un escenario para cabalgar sobre
nuevas ideas musicales. Eran atisbos y licencias que nos acercaban a
un concepto de transgresión y libertad.
Por lo expuesto
quienes descubriamos en la academia opciones de revolución social
y cultural nos apertrechábamos con la música que también
respondiera al cambio de las pautas y los patrones dominantes.
Mientras el discurso
oficial nos mostraba el American way life como la alternativa impuesta
para salir de las primitivas sociedades tradicionales y conquistar la
esquiva modernización del American dream, los jóvenes
de barriada presagiábamos con Ismael y Cortijo que habían
caminos nuestros que nuestro discurso latino se oponía férreamente
a la homogenización que pretendían los Rockefeller y los
Kellog para estos pueblos hispanos explotados con la complicidad de
sus dirigentes inanes.
La bomba y la plena
ofrecían un horizonte inédito que nuestros músicos
empezaron a avizorar para soltar amarras y navegar sobre nuevas olas
musicales. La posterior eclosión de la música afrocaribe
conocida como salsa, las fusiones de los nuevayorquinos y las nuevas
rotulaciones de los cantos populares afrolatinos, tuvieron que inspirarse
de alguna manera en la profunda brecha abierta por Cortijo e Ismael.
No ha sido suficientemente
evaluado el carácter trasnacional de los sellos disqueros. Ni
hasta qué punto la uniformidad de Fania acabó con la riqueza
crítica de los combos de los tempranos sesenta y setenta frenó
el manantial de creatividad de Ismael y Cortijo y las explosivas agrupaciones
que surgieron tras su convocatoria. Sólo cabe decir que el canto
de Ismael es un grito de autenticidad latinoamericana, que su alta valoración
de lo nuestro es un canto de rebeldía en el Puerto Rico anexado
sin contar con la voluntad de los boricuas y que su huella formó
parte de la estructura intelectual de toda una generación que
no puede renunciar a goce estético que dimana de su música
y tampoco a su invitación a la subversión del orden establecido.
Ismael Rivera ha
recibido la atención de poetas y escritores de su tierra. En
la trama de su discurso recibimos el mensaje literario de Curet Alonso,
de Pedro Flores, de Plácido Acevedo de Johnny Ortiz y de Bobby
Capó, muchas de nuestras novelas tiene como telón de fondo
un tema de Cortijo en una tienda de barrio en cualquier esquina de Latinoamérica,
noches de borrasca y plenilunio brotan de su garganta que narra las
tragedias y las victorias populares. Loor al Sonero Mayor de Puerto
Rico y de toda Latinoamérica Ismael Rivera.