En plena fama Héctor Pérez «Lavoe»
se dejó arrastrar a una vida desordenada llegando tarde a las
actuaciones y perdiendo sus cualidades de vocalista, al parecer su afición
a la droga, desmentida posteriormente por el magnífico intérprete,
estuvo a punto de truncar su carrera. Una retirada temporal le trajo
a realizar un tratamiento psiquiátrico a una clínica de
Madrid, otros hablaban de brujería, realizándose mil especulaciones
sobre su mal estado de salud. Por fin en 1978 volvió por sus
fueros publicando una obra maestra titulada «Comedia» con
temas como «El Cantante» de Rubén Blades, «La
Verdad», «Comedia», etc.
Tras Lavoe siempre estuvieron los arreglos de Willie
Colón. Lo cierto es que Héctor Lavoe encarnó la
Salsa de la década de los 70 como un fiel reflejo de la misma
con sus vicios y virtudes, sus fortunas y sus tristezas.(Antonio Mora
Ayora en "De Orilla a Orilla" - 1992)
Cuando Héctor Lavoe llegó a Nueva York
By: Medardo Arias
Un 3 de mayo de 1963, huyendo de la que él consideraba "una
familia muy loca", llegó a Nueva York Héctor Lavoe,
con el propósito fijo de "ganarse la vida cantando",
meta que logró con los tintes pasionales de su vida, descrita
por Willie Colón, como la de un "héroe de la Guerra
del Cuchifrito..."
Desde el instante en que arribó a casa de su
hermana Priscilla, en el Harlem Hispano, tenía el propósito
de ser escuchado en una orquesta. Contaba apenas 17 años, 60
kilos de peso y el perfil que lo hiciera famoso más tarde, cuando
fue descrito como el "hombre que cuando está de frente,
parece que estuviera de lado".
Lavoe consideraba, no obstante, que el momento justo
de su "despegue" musical, lejos de la bohemia de los "ventetú"
(orquestas en las que tocan músicos llamados al azar) del Sur
del Bronx, se había dado casi cuatro años después
de su primera experiencia neoyorquina, cuando, en febrero de 1967, fue
invitado a cantar en el Club Tropicoro.
"Un cantante, cuyo nombre no recuerdo, empezó
a desafinar en el ensayo, cantando el bolero "Tus ojos", y
ése momento me dio la oportunidad real de empezar en grande..."
Oriundo del sector de La Cantera, en la ciudad puertorriqueña
de Ponce, advirtió desde niño un futuro en la música.
Escuchaba en la radio el programa Industrias Nativas, en el cual se
exaltaba el canto jíbaro tradicional, en voces como las de Ramito
y Chuíto, el de Bayamón. Fueron ellos sus primeros maestros,
a quienes imitaba en la calle, entre dos tarros y una maraca, o siguiendo
con precisión el tono nasal de Daniel Santos.
Su familia respiraba música. Pachita, su madre,
cantaba en los entierros y en las fiestas patronales, y su padre, Luis
Pérez, gozaba de fama como guitarrista. La inspiración
venía desde su abuelo Juan Martínez, quien acostumbraba
a trenzarse en disputas de verso libre con otros trovadores, controversias
a menudo ofensivas, por las que terminaba envuelto en riñas.
Acumuló en su carrera varias nombradías,
tales como "El cantante de los cantantes", "El rey de
la puntualidad" --ironía por sus frecuentes tardanzas para
llegar al concierto-- y "El jibarito de Ponce". Las tres le
merecieron fama universal.
En el seis chorreao y con Willie Colón
La década de los 70 marcó para Héctor
Lavoe, no obstante, el ascenso vertiginoso de su carrera. El trombonista
puertorriqueño Willie Colón lo llamó a hacer parte
de su banda, y en un proceso experimental de retorno a las raíces
de la música puertorriqueña, al ritmo de Seis y Aguinaldos,
Héctor Lavoe encontró lugar seguro en la picardía
y el gozo de canciones hechas a la medida de su temperamento. La melodía
"Ausencia" y la titulada "Cheche Colé", le
dieron renombre en los festivales de verano en Europa.
El cantante que otro día había querido
ser saxofonista en la Escuela Juan Morell Campos, junto a José
Febles y Pappo Lucca, tenía, al inicio de los 80, una bien ganada
fama, estimulada al máximo por su trabajo con la Fania All Stars,
agrupación con la que visitó Africa y participó
en la película Our Latin Thing ("Nuestra Cosa Latina").
Izzy Zanabria, mentor de esta unión de grandes
músicos caribeños en Nueva York, puede recordar toda la
trayectoria de Lavoe, desde el instante en que trabajó, también,
con Johnny Pacheco, antes de su debut en la orquesta de Colón.
Héctor Lavoe proclamó el orgullo de ser
campesino de su país, y sumó a las modernas composiciones
de salsa, los fraseos de las áreas rurales de Puerto Rico, los
dichos y refranes de "jíbaros de casta" y el "lelolay"
alegre y lastimero que acompaña esta tradición. Así,
en el Shea Stadium, en el desaparecido Village Gate, en el Cheetah o
el Coliseo Roberto Clemente de San Juan, Lavoe fue anunciado como "El
jibarito de Ponce".
De "Juana Peña" al "Juanito Alimaña"
"Ella vivía llorando por ese amor que nunca
llegó/ Ay, Juana Peña/ ahora me llora/ Ahora me llora/
no la quiero yo..." Y el coro repetía: "Juana Peña
ahora me llora", a las improvisaciones magistrales de Lavoe en
el escenario, pues él era básicamente un sonero, admirador
de Ismael Rivera y Cheo Feliciano.
En el otoño de 1983 estrenó una canción
que fue considerada un hit: "Juanito Alimaña", escrita
por su amigo Tite Curet Alonso. La composición fue recibida como
una clara continuación de la salsa dedicada al género
de malandros, de la estirpe del "Pedro Navaja" de Rubén
Blades.
En los siete años que duró en la banda
de Willie Colón, grabó éxitos memorables, compilados
en diez elepés : "Piraña", "Calle luna,
Calle Sol", "La Murga", "Día de suerte",
son sólo algunos de los ecos de ése tiempo iluminado que
culminó en 1973.
Más, en el registro de "lo que cantó
Lavoe", están también "Hacha y machete",
"Paraíso de dulzura", "De tí depende",
"Mi gente", "Periódico de ayer", "Un
amor de la calle", "Comedia", "Plazos traicioneros",
"Rompe saragüey", "Triste y vacía",
"Vamos a reír un poco", "Sóngoro Cosongo",
éste último, homenaje a la poesía de Nicolás
Guillén.
El 25 de junio de 1988, después de un fallido
concierto en el coliseo Rubén Rodríguez de Bayamón,
Héctor Lavoe regresó a su habitación del hotel
Regency de San Juan y se lanzó al vacío desde el octavo
piso. Desde entonces, su vida ya no fue la misma.
El 29 de junio de 1993, cinco años después
de aquel intento de suicidio, falleció en Nueva York. Quien había
sido bautizado en Ponce como Héctor Pérez, un 30 de septiembre
de 1946, moría joven y famoso, aunque lejos del estruendo de
la vida pasional que lo cobijó durante más de veinte años.
Recientemente, el teatro puertorriqueño de Nueva
York, dió a conocer una obra de teatro en su honor, titulada
"¿Quién mató a Héctor Lavoe?",
con el cantante Domingo Quiñones como protagonista. Lavoe será
siempre una de las glorias de Puerto Rico; una de las avenidas del nuevo
muelle de Ponce, fue bautizada con su nombre