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AGUSTÍN LARA AGUIRRE DEL PINO

Agustín Lara Aguirre del Pino nació en la ciudad de México, D. F., el día 30 de octubre de 1896. Fueron sus padres el Dr. Joaquín Lara y María Aguirre del Pino. Su infancia transcurrió en Tlacotalpan, Ver., donde nacieron otros dos hermanos. Uno de ellos, María Teresa, nació el año de 1904 y vive actualmente en la población de Tlatlauqui, Edo. de Puebla.

La familia Lara tuvo que trasladarse a la capital de la República cuando Agustín contaba con 6 años de edad. Estableció su nuevo hogar en Coyoacán, con el auxilio de Refugio Aguirre del Pino, hermana mayor de la mamá del compositor, que era directora del hospicio donde Agustín confiesa haber tenido el primer contacto con un instrumento musical que fue un armonio utilizado en dicho centro. El Dr. Lara, desde la iniciación del gusto por el arte musical descubierto en el pequeño Agustín, se opuso terminantemente a las inclinaciones de su vástago, quien sufrió por este concepto y por la extrema rigidez disciplinaria de su padre.

Desde pequeño tuvo disposición para ejecutar en el piano las melodías de moda y para improvisar fragmentos musicales. A la edad de 13 años, tuvo la oportunidad, aunada a la necesidad económica, de trabajar como pianista, haciéndolo en un "Club de Señoras" que como es lógico suponer, se trataba de un sitio de disipación noctámbula. Ahí tuvo sus primeros ingresos, enfrentando a temprana edad, los riesgos de una vida con fuertes pinceladas dramáticas.

El Dr. Lara que no estaba en la ciudad de Mc(xico, se sorprendió al regresar, de encontrar al joven pianista en una actividad que lo llenó de indignación y provocó la determinación de recluirlo en el Colegio Militar , a fin de someterlo a una severa disciplina. Ahí paso Agustín Ara un año donde reprobó, consiguiendo con esto que el Dr. Lara lo enviara al norte del país, a Durango, en un trabajo pesado. A ruegos de la señora Lara fue perdonado reingresando al Colegio Militar.

En 1927, liberado de la disciplina militar, se encaminó por el sendero musical trabajando en un cabaret del rumbo Santa María la Redonda, donde, a consecuencias de un impulso de celos, una mujer lo hirió en la cara.

En 1929 comenzó a trabajar en sus canciones, haciendo amistad con cantantes de impacto como Maruca Pérez, Juan Arvizu y el Trío Garnica Ascencio, los que comenzaron a interpretar sus melodías.

Es la época en que la radiodifusión cobra características de impacto popular. El 18 de septiembre de 1930, fue lanzada al aire una nueva emisora con planes ambiciosos e incluyó al novel compositor Agustín Lara, interpretando con su estilo y su discutida voz, canciones que prontamente fueron oídas en todo México. La "Hora Intima de Agustín Lara", se caracterizo por el estreno, en cada programa, de una o varias canciones de su inspiración.

Tratar de enumerar los éxitos de Agustín Lara sería difícil, debido a que es uno de los más fecundos compositores y sus éxitos suman varios cientos. Su canción Granadas a dado la vuelta al mundo en las voces de los más famosos artistas.

De su vida romántica solo podemos decir que a confesión del propio músico, su primer matrimonio se efectuó en 1939 con Carmen Zozaya. En el mismo renglón de lo sentimental están también los nombres de María Félix, Clarita Martínez, Yolanda Gazca, Vianey Lárraga, y Rocío Durán. Con la última casó en España en 1965. No tuvo descendencia y adoptó al hijo de Vianey al que bautizó con el nombre de Agustín llevando así los apellidos Lara Lárraga.

Agustín Lara realizó varios viajes a Europa siendo el último en 1965 cuando recorrió la Península Ibérica, donde fue objeto de numerosos homenajes. En 1967. debido a su precaria salud, Lara fue retirándose del ambiente artístico hasta permanecer aislado de todos en su casa de la esquina de Edgar Allan Poe y Homero de la colonia Polanco.

Fue Presidente Honorario Vitalicio de la Sociedad de Autores y Compositores de Música. Se considera que su primera composición fue Imposible, misma que marcó el inicio del bolero melódico de una época que cubrieron, sin exageración, la totalidad de interpretes más famosos, pues no existe uno solo que no haya cantado las canciones de Lara.

Fue don Pedro de Lille quien lo bautizó como El Músico Poeta y Ricardo López Méndez el que lo llamó Genial Compositor. Tuvo a mucho orgullo sentirse Veracruzano. Entre su producción se cuentan obras como Mujer, Rosa, Farolito María Bonita, Granada y Madrid, hasta completar un total de 600 melodías.

Falleció en el hospital inglés de la ciudad de México el 6 de noviembre de 1970 y fue velado en el Teatro de la Sociedad de Autores y Compositores de Música, S. de A., de donde fue trasladado el día 7, al Palacio de Bellas Artes. De ahí partió a la Rotonda de los Hombres Ilustres en el panteón de Dolores.

Se le han erigido dos estatuas: una en el puerto de Veracruz y otra en la Corrala, en el Barrio Madrileño de Lavapiés, ambas son la obra del escultor Humberto Peraza Ojeda. La de Madrid fue erigida el 13 de mayo de 1975.

"DESCANSA EN PAZ, FLACO DE ORO..."

Con esta frase sencilla, huérfana de retórica, pero impregnada de vehemencia y fervor, pudo resumir Carlos Gómez Barrera, su admiración y cariño hacia el Músico Poeta.

JUAN ALVAREZ CORAL.

NOCHE CRIOLLA

Noche tibia y callada de Veracruz,
cuento de pescadores que arrulla el mar,
vibración de cocuyos que con su luz
bordan de lentejuelas la oscuridad.
Bordan de lentejuelas la oscuridad.

Noche tropical, lánguida y sensual,
noche que se desmaya sobre la arena
mientras la playa canta su inútil pena.

Noche tropical, cielo de tisú,
tiene la sombra de una mirada criolla,
noche de Veracruz, noche de Veracruz.

CORRIDO DE AGUSTIN LARA

Voy a cantar un corrido
llorando con toda mi alma.
México llora conmigo
la muerte de Agistín Lara:
ha de alumbrar su camino,
La Virgen Guadalupana.

Rezos y quejas de piano
son sus creaciones famosas,
versos de amor inspirados
son sus mujeres preciosas;
blancas palomas volando
sobre jardines de rosas.

Tierra bendita de Anahuac,
envuelvelo en tu bandera,
que llore tambien España
cuando lo cubra la tierra;
y en el fulgor de una estrella
brille la flor de su alma.

Que lloren todas las arpas
del suelo Veracruzano,
y entre palmeras muy altas
sean un celaje sus manos;
pareja de blancas garzas
sobre el azul de oceano.

Adios "Músico Poeta",
México llora cantando,
el cielo te abrió sus puertas
pues Dios te estaba esperando;
los astros están de fiesta
y angeles blancos cantando.
Yo pido tu monumento
en oro sobre la Tierra,
y luego en el firmamento
tu nombre con las estrellas.

Corridos Mexicanos.

Afustín Lara fue un platónico que no cayó en la tentación de la pureza.

Agustín Lara fue una miniatura de tamaño natural.El bolero -que es grande- no se encarnó en él solo por falta de espacio; pero el bolero era él como Mahoma es el Islam.

Su cuerpo de ramas secas fue un trazo de pincel chino humedecido en barro indígena, en el cieno perfumado y ocre del que están hechas las vasijas antiguas del golfo de Yucatán: talle de estrechez de asombro, como un cuchillo de frente.

Admira que de aquella magrura haya emergido tanta pasión inacabada, tanta hambre de posguerra que consumió hasta el mínimo instante. En el fondo de esa potencia para sobrevivir al frenesí, estuvo el desborde loco del amor, capaz de alimentar los más extremados desmanes, los escándalos, los llantos y los arrepentimientos.

La suya fue una cara sucesiva, de reencarnaciones incontables. Antes de mirarlo por primera vez, uno sabía que ya había visto el rostro de Agustín Lara en alguna piedra rota, en un pájaro mínimo o en la arena calcinada por el sol del Caribe. Un tajo célebre de rival furioso había enfrentado esa cara.

Los labios finos de este dandi maya, entrenados para el beso, jamás olvidaron el cigarrillo, trampolín en llamas del que nunca se decidió a saltar el punto suicida de la brasa. Ejerció la galantería como un sacerdocio, y no se si -al final- también como una farsa, pues toda sinceridad puesta ante un público, termina un poco en impostura.

Su numen feraz de padre pródigo engendró madres de cabellera blanca, novias imposibles y mujeres malas. Así, fue uno de los últimos platónicos, no porque le bastase el amor casto -lejos de él la tentación de la pureza-, sino porque nos donó un museo de eternos arquetipos: la madre llorada por el vástago perdido, la prometida de blanco inmortal, la dama impracticable, la chica burlada por el hombre cruel, y la efe cíclica de la mujer fatal, falsa, falaz, fatídica y funesta.

Lara no inventó el bolero pues este honor secreto tiene otro dueño: Pepe Sánchez, cubano, sastre y mulato, quien compuso Tistezas, primer rey de la dinastía gloriosa. Sin embargo, Agustín Lara creó de otra manera ese ritmo perdurable: lo convocó a crecer; le dio alas del tamaño del mundo y lo lanzó a volar a través de las generaciones, que son territorios de tiempo. El genio jarocho marcó también al bolero "para bien o para mal" -como enseñan los neutrales- con las improntas del cariño interesado (amor de bolsillo), la traición, el desengaño, el dolor y otros agotadores sentimientos.

Toda esa mitología inconsolable ha convencido a gente de mucha fe de que solo quie sufre como vendedor de enciclopedias tiene derecho a sentir un bolero; pero esto es solo la convención de las lágrimas. En realidad, uno puede vivir a la luz de esa música y ser, aunque no lo quiera, inevitablemente feliz.

La cuelga de las horcas sedosas de las academias pues muchas de sus letras veneran lo cursi. Algo hay de razón en ello. Pongo un disco de Agustín Lara, y, tras una ronda de huesos por el piano, su voz de pésame entra conversando en la canción y dinamita la retórica: "El mundo de abre a mis pies como si mis pecados hubieran deshecho la tierra, y, dentro de mi sublime inconsciencia, se pudiera sentir, sacando el corazón por la ventana de la vida, un rocío bienhechor que fecundará el último retoño de mi fantasía".

A;"Sacar el corazón por la ventana de la vida"!, A;"Fecundar el último retoño de mi fantasía"! Estas líneas, por gruesas, no hubiesen pasado la aduana de Rubén Darío; pero todo creador gigante es un huracán que trae vientos nuevos junto con hojas muertas, y en el propio Rubén hay tales hojas como para alfombrar un otoño. En fin, es cosa de ellos: Rubén Darío , Agustín Lara: que entre los genios se entiendan.

Cada cual tiene sus boleros como se tiene a sí mismo, y nadie es intercambiable ( excepto los candidatos que son las mismas caras nuevas). La música amada no es solo una odulación que se desdobla en el aire: es también un tiempo pasado; es una escena, un encuentro que viene otra vez. Es toda un época que insiste en buscarnos; quizá es el tiempo viejo de la juventud, cuando uno creía que la gente merecía el mundo (hoy, lo inverso es lo real).

El bolero es un dulce felino de siete vidas que muere y mata de amor y deja a todos sobrevivientes. Para mí es un tiempo que se toma con café; entonces se unen el rumor de una música y el perfume memorioso de tazas servidas. En esos instantes ni siquiera extraño mi juventud porque ella no se pierde: solo pasa a los jóvenes. Extraño mis sueños, que hoy parecen -porque lo fueron- de otro mundo. Bienaventurados sean quienes mueren antes que sus sueños.

 



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